Coltauco, 18 de junio de 1975. Una explosión ocurrida en la mina de cuarzo “El Creador”, ubicada en el sector de Parral de Purén, dejó diez trabajadores muertos y conmocionó a toda la comuna. Durante casi dos días, familiares, carabineros, rescatistas y trabajadores permanecieron junto al cerro esperando que la maquinaria lograra abrirse paso entre toneladas de roca y cuarzo.
La tragedia fue registrada por el diario El Rancagüino en varias ediciones publicadas entre el 19 y el 26 de junio de 1975. Sus crónicas reconstruyen el accidente, las labores de rescate, los testimonios de los sobrevivientes, las investigaciones posteriores y el funeral que paralizó a Coltauco.
La faena minera se encontraba en el sector de Parral de Purén, en las cercanías de Loreto. La mina extraía cuarzo, material que era vendido en su totalidad a la Sociedad Minera El Teniente. En el lugar trabajaban aproximadamente 25 personas, distribuidas entre labores de extracción, tronadura y carga del mineral.
La noche del accidente, una parte de los trabajadores permaneció en la faena realizando horas extraordinarias. Según la información publicada por el periódico, se había preparado un tiro con 15 sacos de tronita y tres cajas de dinamita. La tronadura debía ejecutarse cuando todos los trabajadores hubieran abandonado el área de peligro.
Sin embargo, cerca de las 21:15 horas se produjo una explosión inesperada. El estallido provocó el desprendimiento de grandes masas de roca y cuarzo que se precipitaron sobre el socavón, atrapando a los mineros que todavía se encontraban en el lugar. La causa exacta de la detonación no quedó aclarada en las primeras investigaciones. Los encargados de la faena sostuvieron que el tiro debió explotar por alguna falla o circunstancia que debía ser establecida por la autoridad.
Uno de los sobrevivientes fue Samuel Soto Miranda, quien se encontraba muy cerca del lugar de la explosión. Según su testimonio, sintió un estruendo de gran intensidad y cayó al suelo. Al incorporarse, comprobó que varios de sus compañeros habían quedado sepultados.
Soto logró salir de la zona y caminó hasta el retén de Carabineros para dar aviso. Su llegada permitió activar el operativo de emergencia. El relato publicado por El Rancagüino refleja la gravedad de la escena: el trabajador llegó visiblemente afectado y comunicó que el cerro se había hundido, dejando a numerosos mineros bajo el material desprendido.
Durante la madrugada se trasladaron efectivos policiales y autoridades al lugar. El prefecto de Carabineros, coronel Juan Nilo Soupper, se dirigió a la mina, mientras personal de la institución organizaba el acceso al sector y orientaba a quienes acudían desde las localidades cercanas.
Las labores de rescate comenzaron durante la noche y continuaron durante toda la jornada siguiente. En un primer momento, los equipos trabajaron con la esperanza de encontrar sobrevivientes. Después, el objetivo se concentró en recuperar los cuerpos de quienes permanecían atrapados.
La principal herramienta fue una máquina Caterpillar, conducida por el tractorista Alberto Rivera. La prensa destacó el esfuerzo de Rivera, quien trabajó durante extensas jornadas, prácticamente sin descanso, para retirar los escombros. También se mencionó a su ayudante, Miguel Donoso, quien llevaba muchas horas sin dormir y continuaba abasteciendo de combustible a la maquinaria.
El rescate era especialmente complejo. Cada vez que la máquina despejaba una parte del derrumbe, nuevos rodados de piedra y cuarzo volvían a cubrir el sector. Además, el cerro presentaba una pendiente peligrosa y existía el riesgo de que una nueva caída aumentara el número de víctimas.
La búsqueda debió suspenderse al caer la tarde debido a la falta de luz, el agotamiento de los trabajadores y el peligro de continuar excavando en un terreno inestable. También existía preocupación por el posible desperfecto de la maquinaria, pues el camino de acceso había quedado interrumpido y conseguir otro equipo habría significado retrasar todavía más las labores.
Los nombres de la tragedia
Las primeras informaciones entregadas por el periódico hablaban de diez fallecidos y dos desaparecidos. A medida que avanzaban las faenas, se fueron confirmando los nombres de las víctimas.
Entre los trabajadores mencionados por la prensa se encontraban:
Ercilio Cerda Rubio.
Mario Caballero Ahumada.
Nicomedes Espinoza Durán.
Antonio Rojas Escalante.
Leonidas Silva Estay.
Ramiro Madrid Madrid.
Jacinto Rojas Alcaíno.
Narciso Rojas Alcaíno.
Erasmo Rojas Silva.
Martín Araya Estay.
La maquinaria continuó trabajando durante la jornada siguiente. Finalmente, cerca de las 11:45 horas, fueron recuperados los últimos cuatro cuerpos que permanecían bajo el derrumbe. La noticia fue comunicada desde el cerro por funcionarios de Carabineros y los cadáveres fueron trasladados a la morgue del Hospital de Rancagua para su reconocimiento médico legal.
Con la extracción de los cuerpos terminó la fase más visible del rescate, pero no el drama. Para las familias, comenzaba entonces el proceso de identificación, velatorio y sepultación. La tragedia había dejado viudas, hijos y hogares sin su principal fuente de ingresos.
La tragedia tuvo también un componente de azar. Algunos trabajadores se salvaron porque se retiraron antes de la explosión o porque se encontraban fuera de la mina por distintas razones.
La prensa relató el caso de un obrero que decidió abandonar la faena para ir a ver por televisión un partido de fútbol. Sus compañeros se habían quedado trabajando horas extraordinarias, mientras él se dirigía a una vivienda cercana donde podía observar el encuentro. Esa decisión, aparentemente cotidiana, terminó salvándole la vida.
Otro trabajador, que se encontraba prácticamente en la boca de la explosión, resultó ileso. Aunque fue alcanzado por el impacto y quedó en el suelo, pudo salir y pedir ayuda. Un compañero sufrió una lesión en un pie, pero también consiguió abandonar el lugar.
Estos testimonios fueron recogidos por el periódico como ejemplos de quienes escaparon “de milagro”. Pero detrás de esas historias estaba también la angustia de quienes permanecieron esperando: familiares, amigos y vecinos que se reunieron cerca de la mina, en un punto donde no corrieran peligro, para conocer el destino de los trabajadores.
Preguntas sobre la seguridad
La explosión abrió una investigación sobre las condiciones en que funcionaba la mina. De acuerdo con la cobertura periodística, el ministro del Trabajo y el inspector que acudieron al lugar observaron, a primera vista, la ausencia de medidas de seguridad consideradas elementales.
Los trabajadores debían retirarse antes de la detonación y protegerse a una distancia segura. Sin embargo, las declaraciones recogidas por El Rancagüino sugieren que no existían instalaciones adecuadas para resguardarse y que, en la práctica, los obreros debían ponerse a salvo “a la buena de Dios”.
La situación se agravaba porque los principales responsables de la faena no se encontraban en la mina al momento del accidente. El arrendatario era José Landaeta Acevedo, mientras que la administración estaba a cargo de Octavio Schwarze y las labores de capataz correspondían a Willy Picón Picón, según los artículos publicados en esos días.
Posteriormente, el arrendatario, el administrador y el capataz fueron detenidos mientras se investigaba la posible existencia de negligencia. La mina no reabriría mientras no contara con condiciones de seguridad suficientes para sus trabajadores.
El sábado 21 de junio, el pueblo de Coltauco se reunió para despedir a las víctimas. La misa fue oficiada en la iglesia de Loreto por el párroco local. El templo resultó pequeño para recibir a los familiares, vecinos, autoridades y representantes de instituciones que llegaron a acompañar a los deudos.
El cortejo fúnebre estuvo encabezado por autoridades provinciales, funcionarios de Carabineros, representantes municipales, Bomberos y la Cruz Roja. Siete ataúdes fueron trasladados al Cementerio de Coltauco; otros cuerpos fueron sepultados en Rancagua y Codegua.
Las fotografías publicadas por El Rancagüino muestran escenas de profundo dolor. Familiares de las víctimas debieron ser auxiliados por bomberos y personal de la Cruz Roja, mientras el cortejo avanzaba por las calles de la comuna. Para Coltauco, aquel día representó el cierre de una tragedia que había mantenido a la población en vigilia desde la noche de la explosión.
Pensiones y ayuda social
En los días posteriores, funcionarios provinciales y del Servicio de Seguro Social visitaron a las familias afectadas. El objetivo era tramitar pensiones, subsidios y otras ayudas para las viudas, los huérfanos y las personas que dependían económicamente de los trabajadores fallecidos.
El periódico informó que varias mujeres fueron incorporadas a programas de empleo de emergencia y que también se buscó trabajo para otros integrantes de los hogares afectados. En julio, se comunicó que ocho viudas del sector habían comenzado a recibir pensiones de viudez y orfandad, luego de una tramitación que se realizó con rapidez mediante visitas de funcionarias a terreno.
La ayuda social también permitió detectar otros problemas: trabajadores sin libreta previsional, situaciones de ancianidad y casos en que los empleadores no habrían cumplido con el pago de las imposiciones. La tragedia dejó así al descubierto una realidad más amplia: la vulnerabilidad de numerosas familias obreras y campesinas de los sectores interiores de Coltauco.
La explosión de la mina “El Creador” no fue únicamente un accidente laboral. Fue una tragedia comunal que golpeó a Parral de Purén, Loreto, Coltauco y a distintas localidades de la provincia. Durante días, los nombres de los mineros aparecieron en las páginas de los diarios; sus familiares esperaron junto al cerro; sus compañeros trabajaron entre los escombros; y el pueblo entero acompañó el cortejo fúnebre.
A 51 años de aquellos hechos, la memoria de los diez trabajadores fallecidos invita a volver la mirada sobre la historia del trabajo minero en la comuna y sobre las condiciones que enfrentaban quienes extraían cuarzo en los cerros de Parral de Purén.
Rescatar este episodio permite devolverles identidad a las víctimas y comprender que la historia de Coltauco también está hecha de labores silenciosas, sacrificios familiares y tragedias que marcaron a generaciones. La mina “El Creador” quedó cerrada, pero el recuerdo de quienes murieron bajo el cerro continúa formando parte de la memoria histórica local.
Catástrofe Minera. (1975, 19 de junio). El Rancagüino, p.1. (Periódico: Biblioteca Nacional de Chile)
La Horrible Tragedia. (1975, 20 de junio). El Rancagüino, p.1. (Periódico: Biblioteca Nacional de Chile)
Esta mañana seguían los trabajos para rescatar a cuatro sepultados. (1975, 20 de junio). El Rancagüino, p.3. (Periódico: Biblioteca Nacional de Chile)
Feo Golpe Del Destino A Mineros Del Cuarzo. (1975, 20 de junio). El Rancagüino, p.6. (Periódico: Biblioteca Nacional de Chile)
Escapo De Milagro Y Corrió A Llamar A Los Carabineros. (1975, 20 de junio). El Rancagüino, p.7. (Periódico: Biblioteca Nacional de Chile)
Última Hora: Rescatados 4 Cadáveres. (1975, 20 de junio). El Rancagüino, p.18. (Periódico: Biblioteca Nacional de Chile)
Lo Que Es Yo Me Cabrie Y Me Voy A Ver El Partido Donde “On Catejo”. (1975, 20 de junio). El Rancagüino, p.18. (Periódico: Biblioteca Nacional de Chile)
Hoy Fueron en Coltauco... Los Funerales de los Mineros. (1975, 21 de junio). El Rancagüino, p.1. (Periódico: Biblioteca Nacional de Chile)
De a uno por uno han sido auxiliados familiares y cesante de Catástrofe. (1975, 26 de junio). El Rancagüino, p.3. (Periódico: Biblioteca Nacional de Chile)
Viudas de Victimas de Mina La Piedad Reciben Pensiones. (1975, 18 de julio). El Rancagüino, p.2. (Periódico: Biblioteca Nacional de Chile)